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Anatomía del sistema neuromuscular II. Las fascias

Las Fascias.

Puesto que estamos hablando del vendaje neuromusculare no podemos olvidarnos de comentar lo que son las fascias. Las fascias son tejidos que actúan como capas protectoras de todos los órganos, mantienen unidos la piel, los músculos, huesos, órganos y sistemas y ofrece un escudo de protección y lubricación. Los libros de medicina enumeran más de 100 tipos diferentes de fascias.

Etimológicamente, fascia significa banda. Para los anatomistas, la fascia es una membrana conjuntiva de color blanquecino, que envuelve diferentes estructuras. Para los osteópatas, la fascia está constituida por un ensamblaje de tejido conjuntivo con una función de soporte. Y están incluidos los ligamentos, los tendones, las membranas duramedianas y los envoltorios de las cavidades corporales. La fascia es una estructura de tejido, que no solamente envuelve el 100% del cuerpo humano, sino que se insinúa por todos los recovecos y se integra en sus diferenciaciones, constituyendo los órganos y sistemas en las tres dimensiones del espacio, siendo el elemento de sostén y de relación que permite, facilitando la circulación, la interrelación y la conexión de la vida en todo el cuerpo humano.

Todo el cuerpo está rodeado y envuelto por tejido fascial, somos una gran fascia. Todas las partes de nuestro cuerpo como los músculos, huesos, tendones, nervios, vasos sanguíneos, órganos, etc., están envueltas en tejido fascial y, por tanto, todo el organismo está interconectado a través de las fascias.







La piel y las fascias


La piel es el órgano vital más grande de cuerpo, cubre toda nuestra superficie corporal y presenta diferentes grosores en diversas regiones del cuerpo; por ejemplo, en las palmas de las manos y plantas de los pies, es mucho más gruesa, que en regiones como los párpados, donde es muy delgada. A su vez, la piel posee diferentes grados de sensibilidad en función de la distribución y densidad de los receptores cutáneos; sin embargo, en promedio, un centímetro cuadrado de piel posee cuatro metros de nervios, un metro de vasos y cinco mil órganos sensitivos, incluyendo las terminaciones nerviosas libres que transmiten el dolor.

Para poder comprender los efectos del vendaje neuromuscular es muy importante resaltar le estrecha interrelación que existe entre la piel y las fascias y de estas últimas con todos los tejidos corporales principalmente los del aparato musculo-esquelético. Las fascias son una serie ininterrumpida de tejidos conectivos resistentes pero retráctiles que se encuentran desde la cabeza a los pies y desde el exterior al interior del cuerpo, un tejido continuo que envuelve todo el organismo y todas las estructuras en él contenidas; teniendo en cuenta que la porción más profunda de la piel, la hipodermis, se une a la fascia superficial, los estímulos y efectos mecánicos generados en la piel se trasmiten a las fascias superficiales y de estas a las profundas.

Sistema fascial superficial.


El sistema fascial superficial está formado por una red que se extiende desde el plano subdérmico hasta la fascia muscular. Se compone de numerosas membranas horizontales, muy finas, separadas por cantidades variables de grasa y conectadas entre sí. En su recorrido profundo, la fascia superficial, de modo similar, se conecta con el sistema miofascial, formando junto con este una unidad funcional. Por tanto, los estímulos y acciones mecánicas producidas por el vendaje neuromuscular sobre la piel, son transmitidos a las fascias y de estas a los músculos. Contrario a lo que se creía anteriormente, el tejido fascial es un sistema activo ya que la fascia es un tejido altamente sensible, investigaciones sobre su microestructura apoyan que existe una abundante red nerviosa de receptores intrafasciales (de Golghi) y células musculares lisas propias del tejido fascial, lo que puede sugerir que la fascia tiene capacidad de tener actividad propia. Por lo que sería lógico pensar que pueden captar estímulos externos y tener sus propios movimientos y reacciones.

Las funciones de las fascias son múltiples e importantes. Entre las principales funciones
de la fascia superficial, a parte de su función nutritiva, se destacan el soporte y la definición de los depósitos de la grasa del tronco y de las extremidades, así como también el sostén de la piel con referencia a los tejidos subyacentes.

Es un aspecto importante, ya que la suspensión del sistema fascial superficial controla el contorno corporal estático y dinámico, por tanto, los cambios favorables y desfavorables en el comportamiento del sistema fascial superficial influyen directamente en la mecánica del sistema miofascial musculo-esquelético. Este aspecto resulta relevante para explicar cómo las tensiones ejercidas por el vendaje neuromuscular sobre la fascia superficial, a través de la piel, pueden finalmente influir en la mecánica del músculo.






Sistema fascial profundo.


La fascia profunda está constituida por un material más fuerte y denso que el que constituye la fascia superficial. Su grosor y densidad dependen de la ubicación y la función específica que desempeña. A medida que aumenta la exigencia de las necesidades mecánicas se densifica la estructura del colágeno, su principal componente. Basándose en la densidad del tejido colágeno, la fascia se puede dividir según su función, en el tejido de unión, de revestimiento, de sostén y de transmisión

El sistema fascial profundo soporta, rodea y asegura la estructura e integridad de los sistemas muscular, visceral, articular, óseo, nervioso y vascular. La fascia profunda cubre las áreas corporales como si fueran enormes envolturas, protegiéndolas y dándoles forma. Como ya había dicho anteriormente la fascia superficial y la profunda se encuentran íntimamente unidas a través de conexiones fibrosas, por ende las tensiones mecánicas que afectan a una, también afectan a la otra. 




Sin embargo, el interés aquí es resaltar la estrecha conexión de las fascias con los músculos a los cuales envuelve a través de los perimisios; de su asociación con los vasos sanguíneos y linfáticos los cuales perforan las fascias para poder entregar el aporte vásculo-nervioso a los diferentes órganos y tejidos, y de la indisolubilidad de las fascias con los ligamentos, cartílagos y huesos que se adaptan íntimamente con ellas y que, a su vez, son prolongaciones o densificaciones de las mismas; porque esto permite entender cómo actúa el vendaje neuromuscular sobre todos los tejidos bajo la piel, ya que los efectos mecánicos generados por el vendaje sobre la misma, se trasmiten hacia los demás tejidos que se interconectan con ella, como las fascias, tanto superficiales como profundas que se encargan de trasmitir estos efectos a los tejidos musculares, ligamentosos y articulares. La fascia, entonces, es el elemento que nos proporciona la noción de ‘globalidad’ del aparato locomotor, al conectar los músculos entre sí formando grupos funcionales, y que también une esos grupos funcionales con otros anatómicamente muy separados entre sí; por ello, cuando se realiza un movimiento en un segmento determinado de nuestro cuerpo, este responde como un todo; se realizan reacciones en cadena, inclusive en los lugares más remotos cruzando la línea media del cuerpo y estableciendo las conexiones menos esperadas, siendo la fascia el único tejido que tiene la capacidad de realizarlas.

Esta estrecha integridad entre la piel y las fascias que conectan los músculos, los ligamentos, los tendones y articulaciones, sugiere el papel comunicador que tienen las fascias de los estímulos generados por el vendaje neuromuscular, sobre todos los elementos del aparato esqueleto-motor.

De igual manera, este aspecto de que todos los tejidos corporales se encuentran relacionados entre sí por medio de las fascias, permite comprender por qué cualquier alteración funcional o mecánica, en cualquier región del cuerpo, termina repercutiendo en el funcionamiento de órganos y tejidos circunvecinos, así como también las alteraciones en la motilidad y la función de las fascias pueden producir desórdenes orgánicos y biomecánicos, aspectos que se deben tener en cuenta al momento de diagnosticar las alteraciones musculo-esqueléticas, ya que las alteraciones funcionales de una determinada región pueden tener origen en disfunciones fasciales a nivel distal. Hoy día, con el avance en el estudio de las fascias, podemos darle un entendimiento más completo al funcionamiento del organismo y reconocer en sus alteraciones la causa de muchas afecciones orgánicas o músculo-esqueléticas. Sin duda quedan muchas cosas por saber sobre el papel que juegan las fascias en nuestro organismo pero por ahora están definidas sus funciones de soporte, protección, defensa, amortiguación, comunicación, hemodinámica y bioquímica.